Bienvenido

VI

martes 10 de noviembre de 2009

Nunca supe si nadar en el aire es caminar o si el suelo son nubes que guardan alguna que otra enseñanza magistral.


Qué son los pasos sino piedras que cincelan el camino. Y sobre el agua de las cuencas y la hierba de los ríos, decir con más obligación si cabe, que de un tiempo a esta parte todo es reivindicativo. Los turgentes pechos de una preciosa modelo, las suaves caricias de un estilizado convento, las maravillosas pieles del caimán en su agujero. Sí. Todo hoy en día es protesta. Porque se siembra. Porque se pace. Porque se muge y porque se recolecta. Todo. Sí, todo.

Gritos con sordina que no llegan a más por lo edulcorada de la fuente visceral.

Acostumbrado como estoy a rezar por el alimento, a humillarme por un ser superior que ponga paz en este planeta de ensueño, a viajar en el colmo de la piedad por el valle de la esperanza que no es más que un color salido de una pantalla plana.

Llamo a la locura y ella no responde. Se fue hace tiempo, huyendo de nuestro preciado y amamantado norte. Dejándonos salir del manicomio por habernos cortado las alas un miércoles después de haber tomado como lastre hermosas y pudientes alhajas.

Sigamos protestando, cosquillas de medio pelo en el vacío donde no se escucha el sonido, donde la llama no luce y donde el tamborilero golpea el diapasón de las noches encumbradas.

Qué es el color amarillo.

Prefiero volver al tifón.

¿Hubo un segundo acto?

La galerna se lo llevó.