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Soy un gran mentiroso: siempre digo la verdad

domingo 6 de septiembre de 2009

Navegaba entre los enmarañados mares de la anodina demagogia cuando avisté tierra. Sí. Era ella. La isla sofisma. Permanecí allí un espacio de tiempo del cual no podría establecer su duración.

Yo, que acaricié la arena de tan insigne lugar como polizón, llegué a ser gran virrey de todos los condados, agasajado por tal distinción con honores y caudales de cualquier aspirante a ser alguien, y que para ello debiera entrar a servir en mi selecta corte.

Todo acabó cuando fui consciente de que, una vez sacudido por las tormentas de la conjugación y los huracanes de la perífrasis, ya no podía salir de aquello en lo que nunca quise entrar antes de zarpar.

Han pasado ya más de cinco mil años, y todavía me aturdo al contemplar mi poder de convocatoria.