Bienvenido

II

viernes 25 de septiembre de 2009

Nunca supe si ganar es de ganadores ni perder de perdedores.

Una bala en mi mano derecha, certera ha de ser. No ha pasado tanto desde que conseguí subir a la ansiada colina. Después de todo, antes de que la acotara como tal, creía que aquel promontorio sería el terreno más alto del entonces pensado enorme espacio en el que me encontraba. Qué irreal la perspectiva desde el otro extremo del punto de fuga. Aunque es hablar por hablar, puesto que de ese punto no he llegado a conocer ni la trayectoria que lleva a su centro.

No puedo divisar el horizonte desde donde me encuentro. Bien mirado, la línea horizontal que divide el cielo de su opuesto no es más que una ilusión óptica con trazo curvo, sin extremo aparente y de muy distante discernir. Me reconforta saberlo, o por lo menos pensar que sé que he llegado a esta conclusión. Conclusión. Irónica palabra, y más cuando su mismo nombre implica algo que ni siquiera acarrea la más mínima torpeza ni liquidez de la consciencia: inicio.

Callar, no en los momentos en los que el mudo se confunde entre el llanto. Llorar, no en los momentos en los que la lágrima se diluye entre el pudor más sacro. No hay más ejército que el que se sirve de jerarquizados golpes de patrio amor vacuo. No hay más tanques que los encallados en los límites del desamparo.

Una bala en mi mano derecha, el fusil en mi cabeza, y la pólvora fluyendo a ritmos sincopados más acá del esternón.