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Bicentenario (Las nueve de la mañana)

lunes 19 de enero de 2009

Las nueve de la mañana… de nuevo. Es extraño ver al reloj marcar cada segundo como si fuera el siguiente, pero en realidad, ahora sé que antes de que llegue hasta lo que una vez creí hipotético destino y ahora es utopía temporal, volverá a marcar… las nueve de la mañana.

¿Qué hacer? Eso me preguntaba cuando todo comenzó. Qué ingenuo. Pensaba que lo que estaba sucediendo era simplemente un fallo mecánico. Ha pasado mucho, creo. Quizá dos meses, quizá tres años, y, desde entonces, todavía no he sido capaz de ver una puesta de sol. Es más, podría decir que tampoco ha llegado a salir. Ahora el astro rey es simplemente una lámpara suspendida en lontananza, con poca luz que dar y sin calor alguno que ofrecer. Una simple mancha luminosa en el cielo que me indica que son… las nueve de la mañana.

El recuerdo, eso es lo único que ahora me sustenta, aunque, si tengo que ser sincero, ya no sé si realmente las imágenes que albergo en mi interior son mías. Ni tan siquiera puedo llegar a afirmar que guardo un sentido cronológico de todas las sensaciones que de mí brotan, mientras el ingenio reconvertido a metrónomo sigue marcando… las nueve de la mañana.

No hay posibilidad de escape. No hay huida que aplaque la furia de la repetición de ese sonido implacable que ya se halla tatuado en mis tímpanos. No. Aunque tampoco existe otra manera de parar el tiempo que, paradójicamente, sigue anclado en el mismo momento que segundo a segundo me recuerda algo que ya ni sé lo que es, y que sin embargo es imposible olvidar… las nueve de la mañana.

Morir sería lo más fácil, ¿quién me dice que no lo esté ya? Porque de una cosa estoy seguro, y es que esta vida iterada no alcanza ni por asomo a vislumbrar a través de mis ojos lo que antes creí que pudo llegar a ser, y que ahora estoy seguro nunca sucederá mañana. Todo ello en el más absurdo de los desconsuelos por estar aquí sentado, sin intenciones, pero sin necesidad de ellas. Sin norte, pero sin precisar una brújula. Sin ansiedad, pero intranquilo. En este instante que siempre me dice que todo sucede… a las nueve de la mañana.


Nota: Sigue el homenaje en Bicarbonato Catódico.

3 comentarios:

S. Dedalus dijo...

¿Más «The raven» o ya empiezo a ver fantasmas?

Borja F. Caamaño dijo...

¿Feliz día de la marmota?

Un fuerte abrazo desde el Otro Lado

Ojalá supiera qué es solidaridad dijo...

S. Dedalus, ni se acerca, pero por lo menos este es mi homenaje.

¡Ah! Si ves fantasmas, yo hablaría con Iker Jiménez, jajaja.

Un saludo.


Borja, pues también. Aunque sería en todo caso "feliz segundo de la marmota", jajaja.

Un saludo binario.


Óliver