El balcón anuncia caídas,
las puertas se cierran con apenas dos bridas.
No faltes a la comida de la caridad,
ya que por asistir a tan precioso festín,
dos monjas y un arlequín
alegrarán la sobremesa
a mendigos de talonarios y tarjetas de empresa.
Son estas las fechas de la redención,
de abrazar a tu prójimo con santa devoción,
de perder el culo por intentar la sonrisa
y que la estética boca operada
reviente por lo forzada.
En fin, que tras tanta rima fácil
seguiré con mi sal de frutas,
y no perderé ripio en la gula,
saltando de mesa en mesa
hasta llenar de vacío el estómago,
que el esófago ya lo cierro
para que todo lo que he tragado
se quede, por supuesto, bien dentro.
No tiene por qué nevar
en la dura meseta para ver el blanco de la cal,
ni los desconchados en las paredes
que reflejan los años
de bramidos sin rumbo, anclados con alfileres.
Cojines desasidos del sofá
buscando el sillón del vecino,
o el escaño del juez que vive
en la Calle Pilatos, número cinco.
Así que brindemos con panderetas,
que ya toallas nos sobran:
diecisiete más dos, que resultan una,
eso sí, de colores ambidiestra.
Pero si quieren que les cuente
lo que es capaz de adivinar cualquiera,
diré que cuando veo ondear una bandera
contemplo dos tibias y una calavera,
con la intención de presentar a todo el que venga
el lugar donde yo nací: una España grande, y muy muy negra.
A media asta
domingo, 28 de diciembre de 2008Publicado por oliver sotos gonzález en 17:28 7 comentarios
Etiquetas: poesía
Cinco menos uno
domingo, 21 de diciembre de 2008Desarmando el poder de los ojos
que engañan la mirada
y por tanto al cuerpo entero.
Por eso que me los arranqué,
me quedé ciego
gritando locura en carne viva,
con la voluntad de ser fiel
a una errática mandolina,
con la querencia al querer
sin apartarse ahora en mis diatribas.
No soy la cabeza de un pescado
sin alas, ni de agua de mar salada,
ni aún anclado entre mi memoria.
El suave paso de la historia
clava las lanzas en el deseo,
en la espalda de Polifemo
sin haber amarrado el desierto,
cuando ser ave no es sacro
ni tampoco el galgo un perro flaco.
Ahora bien, no vayamos a pensar
que la vida es lo que está mal,
que no es que yo no pueda más,
y que mi vecino seguro ni se inmutará.
No.
El movimiento es una sensación
que parte de lo más interno,
que funde la razón
con la esencia que llevamos dentro.
Que brota sin querer
y sin buscarlo en ningún momento.
Sí.
Ayer, cuando de bruces me hallé
no hice otra cosa que reforzar mis pies,
para que cuando volviera a levantarme,
supiera que el terreno andado
nunca más me haría caer.
Y en estas sigo, ni más ni menos,
que soy yo quien deja
perder un sentido, para ganar cuatro
que hace poco encontré dormidos.
Que el trabajo no nace en otros,
sino en uno mismo.
Y que la credulidad y el quedarse parado,
es oficio baldío del que nunca se levantará
y prefiere quedarse debajo.
Publicado por oliver sotos gonzález en 20:42 8 comentarios
Etiquetas: poesía
Mirada existencial
martes, 16 de diciembre de 2008- No.
- Tampoco.
Publicado por oliver sotos gonzález en 20:56 10 comentarios
Existencia
- Sí.
- No.
- Tampoco.
- No.
- Sí.
- También.
Publicado por oliver sotos gonzález en 20:53 0 comentarios
Que por intentarlo no quede
lunes, 15 de diciembre de 2008- Te veo, y por más que lo intento, no logro entenderte.
- ¿A qué te refieres?
- Pues que ahí estás, escribiendo.
- ¿Y?
- ¿No dijiste ayer que estaba todo escrito, que no quedaba nada más por escribir?
- Así lo creo.
- ¿Entonces?
- Sólo estoy reescribiéndolo todo otra vez.
- ¿Y para qué?
- Porque todo lo que he hecho ha sido sólo con una mano. Ahora sigo copiando, pero usando las dos, que quieren aprender y todavía no han llenado ni media cuartilla.
Nota: Para más información, Bicarbonato catódico
Publicado por oliver sotos gonzález en 13:20 2 comentarios
Raíces
jueves, 11 de diciembre de 2008No vale la pena supeditar.
No es mejor,
tampoco peor,
viajar en segunda clase
cuando la tarjeta me indica
que los arbustos se recolectan
en las esquinas de estériles calles.
No hay mareas que valgan la pena,
no hay penumbras
ni salinas herrumbrosas
allá en los límites de la estratosfera,
aquélla que siempre se pensó imposible
y que hoy en día es accesible a cualquiera.
Y sí, afirmo categóricamente,
con la razón que mana de mi locura,
que la incomprensión de naves y timoneles
no se logra quemando
atávicos, iracundos,
sucios, innombrables,
claros, deslumbrantes,
fieles, colegiales,
mundos vividos y sujetos a subjetivas leyes,
que el mañana despierta sin reparo,
flagelando llagas
enterradas sin dueño entre plateas y batallas.
¿Habrá, entonces, llegado
la hora en la que el sudor será dicha,
el instante en el que la furia y la codicia
reconocerán, por fin, ser primas
de la honradez y del sosiego?
Ese momento no está tan lejos,
no lo creo.
Un vagabundo me desolló primero,
para luego volverme a cubrir
de suaves perfumes sobre el babero
de mi más tierna infancia,
sobre las líneas rojo claras
de mi mayor prenda blanca,
vistiendo mis huesos de auténtica demencia senil.
Sus palabras me resultan ahora
clarividentes, cuanto menos:
“no sigas buscando un asiento,
te lo digo, caerá por su propio peso,
de allá en lo alto, del profundo cielo”.
Y claro, no desespero,
ya que el ayer tiñe de futuro
las gafas policromadas en fundas de acero.
Si bien no sé, pero conozco
el hecho por el que el pájaro es de tan mal agüero.
Es la historia que por más que se repita,
no lleva a una solución
si se sigue por el mismo sendero.
Así que propongo borrar mapas,
olvidar cartografías, geografías
universales y universos enteros.
Levantemos la mirada hacia la luz,
dibujemos la amnesia de los recuerdos,
con la invisible tinta del instinto
que nos contempló nacer,
aquélla que los años marchitó
y que nunca desistió a vernos vivos.
Publicado por oliver sotos gonzález en 23:15 4 comentarios
Etiquetas: poesía
Érase una vez
- Y colorín colorado…
- ¡Espera un momento, Padre! ¿Así es como empiezas la historia? ¿Con el final?
- ¿Qué son finales sino comienzos, Hijo?
- ¿Y por qué siempre he escuchado acabar los cuentos con el principio del tuyo?
- ¿Y quién te dice a ti que lo que vaya a contarte es un cuento?
Publicado por oliver sotos gonzález en 19:42 3 comentarios
La semilla
martes, 9 de diciembre de 2008Los médicos las recetan
sin miedo a caer en ellas.
Muchos, en un principio,
se engancharon a las aspirinas,
menos los niños, ellos no,
ya que por su seguridad
lo mejor que les podían suministrar
era kilo y medio de benzodiazepinas.
Todavía no entiendo
que el azar esté tan sujeto
a devociones químicas y de ensayo,
a placeres y estímulos
de pulgosos perros flacos,
a imágenes más que vistas
de ampulosos cirujanos barberos
adictos a gominolas y morfina.
No quiero, no señor,
dejar que esa febril farmacia
venga a sucumbir con sus falacias
de grandes vacíos en mi garganta.
A saber dónde está el retorno
de fórmulas pasadas de rosca,
de carreteras sin gasolineras,
del frío en las guanteras,
del eco en el supermercado,
del hombre sin su roído saco,
del camaleón de punta en blanco.
Mientras, el gurú de turno,
cada noche en su cadena
pasa pastillas para el sueño,
y por no cambiar de canal
me engancho sin ningún consuelo
al cartel que me ordena llamar,
y que, por supuesto, no obedezco.
Póngame otro doble y sin hielo
señor no-se-qué,
de tabaco no, que ando ya dispuesto.
No me quejo porque me avisó,
y de mi boca no saldrá
ni un triste y malicioso pero.
Aunque "sin peros no hay glorias"
rezaba el dueño de este tugurio.
No se crea que no le recuerdo
muy señor mío,
cuando a mi búho se lo llevó de sopetón
con un exiguo y desdichado mareo.
Así que es hora
de cambiar mango por sartén,
de airear los rincones y las ermitas,
de poner las cosas del revés,
de que llueva con el sol del mediodía,
de ver el arco sobre el papel,
y en las calles mejor que se aperciban
de libretas y lápices con qué leer,
ya que es preferible “el hable usted”
a acabar masticando sémola de dinamita.
Publicado por oliver sotos gonzález en 19:15 9 comentarios
Etiquetas: poesía
Del vino al ron
sábado, 6 de diciembre de 2008- ¡Qué haces, amigo!
- Vengo cada día desde que supe que el ron que aquí se destila es de los mejores que he probado nunca.
- Muy cierto, querido Ernesto, además del vino que elaboran. No tienen igual en la comarca. ¡Mesonero, lo de siempre!
- ¡Qué alegría verte!
- ¡La alegría me la he llevado yo! Imagínate Ernesto, durante mucho he estado buscándote pero por más que preguntaba, nunca sabían dónde parabas.
- Sí, es que he estado en la montaña, ya sabes, la cabra tira al monte, y aunque no tenga cuernos... ¡jajaja!
- ¡Muy bueno Ernesto! ¡Hay cosas que no cambian!
- Pero dime. ¿Para qué me buscabas?
- Pues para darte la enhorabuena, el lo-siento-mucho, y el para-lo-que-haga-falta.
- No sé de qué me estás hablando.
- ¿Pero es que no estás viendo cómo van las cosas en “la patata”?
- Sí, Jesús, pero no comprendo, la verdad.
- Ahora te explico. ¿Cuántos de los antiguos años llevas muerto?
- Pues sobre los cuarenta. Lo cierto es que cuando ya hice treinta dejé de contar.
- Te entiendo, Ernesto, porque yo llevaré alrededor de dos mil, y me costó un milenio dejarlo.
- Sigue, por favor.
- Precisamente está muy relacionado con el tema de mi muerte.
- No discutiremos ahora sobre las diferentes maneras de morir.
- Claro que no... además, Ernesto, ahora ya sabes cómo llegué hasta aquí, y cómo los siglos lo han adornado.
- Jesús, los siglos, ¡y lo que no son siglos!
- Ahí es donde iba yo a parar. Lo que no son siglos. Vengo a darte un obsequio.
- ¿Me regalas un clavo?
- Sí, Ernesto. Igual que a mí me dieron un rayo de sol.
- ¿Por qué?
- Es un simple testigo. Prepárate.
- ¡Mesonero, ponme otro ron! Creo que lo necesitaré. ¿Prepararme, Jesús?
- Por supuesto, para el cambio.
-¿Quieres decir que...?
- Vamos a ver. La diferencia entre el anterior y yo, fue que rompí con todo lo que se veneraba antes. Cambió el concepto de algo intangible a un mártir. Y mira, me he pasado dos mil años en el candelero. Ahora parece que, ¡por fin!, la gente se está cansando de ver a la misma persona colgada en una cruz. No así de seguir los pasos de otro referente.
- ¿Y ahora dices que me toca a mí?
- Cumples todos y cada uno de los requisitos. Tienes seguidores que te consideran un revolucionario y una víctima, detractores que piensan que fuiste un asesino. Has muerto por un ideal... ¿sigo?
- Para qué.
- Además... ¡si es que hasta tienes imagen a la que idolatrar!
- Lo que son las cosas, ahora soy icono.
- Espera a que pasen mil años y verás. A los mil siguientes, con un poco de suerte, le darás el relevo a otro, quién sabe.
- Eso, quién sabe.
- ¿Te imaginas, Ernesto, que en un milenio todos adoren una estrella de cinco puntas?
- Che, Jesús, sos un boludo.
Publicado por oliver sotos gonzález en 13:52 14 comentarios
El niño y el jamón
jueves, 4 de diciembre de 2008Publicado por oliver sotos gonzález en 23:14 8 comentarios
Réquiem
miércoles, 3 de diciembre de 2008Publicado por oliver sotos gonzález en 15:10 8 comentarios
¿Quién pone el precio?
No sé en qué mundo vivo,
no sé ni siquiera
si alguna vez se ha vivido.
Desconozco por completo
el valor marcado a peso,
de la conciencia encerrada
en un cuerpo de metralla.
¿Cuáles son los ojos de la ira,
las palabras que hieren y agitan,
las canciones que aletargan
la separación de mundos
en un mismo planeta sin escrúpulos?
¿Quién tiene remordimientos,
aquel que nunca los poseyó,
o la persona que por callarse
en su vida no mostró un cierto grado de imaginación?
Salgamos a la calle,
reza la melodía del desvalido,
salgamos a la calle
a por todos nuestros enemigos.
Vamos todos juntos
en un cruel imperativo,
a perder por nuestros sueños,
y a ganar un gran trofeo
que más tarde se disfrutará
en las vitrinas de grandes museos.
No, no creo en su modo planteada,
en ese fatal punto
la tan encarnizada cuestión.
Salgamos, sí, pero de fuera,
abrámonos a horizontes internos,
a posibles y franqueables logros,
a lugares desconocidos por cadenas y cerrojos,
a páramos que por su tristeza,
lamentos, juras, vilezas y protestas,
no queremos traspasar
por angustias no vividas,
y por ficticias desidias
ancladas en nuestra esencia maldita.
Nunca fue preso aquel que navegó
por mares ocultos
dentro de su diosa razón.
Nunca fue diablo aquel viejo señor
que dejó aguas y tierras
para tornar las agujas del reloj.
Nunca fue el mal tan compañero del bien,
ni Caín tan parecido a Abel,
ni dios tan hermano de lucifer.
Abrazo las dos caras,
fundidas en una tercera,
para preguntar algo que aún hoy
se le niega a cualquiera,
¿quién pone el precio
en un mundo depreciado,
al clamor de la más cálida llama,
a la lluvia, a los ríos y a los lagos,
a la calma del viento en febrero,
a la tormenta de arena en suntuosos desiertos,
al ser humano, sin ir más lejos?
Publicado por oliver sotos gonzález en 15:09 0 comentarios
Etiquetas: poesía
Conjunción
¿Qué es el movimiento
sino el sol amaneciendo
cada mañana en tu puerta?
¿Qué es el viento
sino el aliento de aire fresco
que acompaña
al agua en la tormenta?
No vayamos más allá
de lo que no se quiera expresar,
de lo que no se quiera decir,
ni tan siquiera callar en la gran ciudad,
aquella que nos ayudó a crecer,
y que también nos verá
iluminar la calle desolada en su soledad.
No muestres nada más que lo que quieras,
no reflejes más
que tus millones de palabras
en cien mil hojas guardadas,
esperando salir
sin que mi temor que teme lo imposible
maldiga el día donde allí me conociste,
esculpiendo con sangre y entrañas
los rincones de un abismo
sin fondo más que sin forma,
y que al trasluz se deforma
en alas de papel tamizado de estopa.
Y sin morder el polvo te levantas
para volver a andar, y andas.
Caminas entre el olivo y la paloma,
entre la palabra que no habla
y el ladrón que aún te nombra.
Entre el barro en los zapatos,
y el licántropo que con aullidos
todavía a la sólida luna alborota.
Pero algo mascullo en mi boca,
¿unas palabras sin ley?
¿unos márgenes izquierdos
a la derecha del rey?
¿un sopor veraniego
que sumió en un terrible sueño
al tren que salió y al que todavía quiero ver?
No, si realmente algo digo,
es que no hay razón,
ni pruebas,
ni destino,
ni desazón,
ni burla,
ni crueles sinsentidos,
que valgan lo que un soplido,
lo que un latido de un corazón marchito,
lo que un viaje de largo recorrido,
lo que tenerte en mis brazos,
besando tu alma encarnada en tus labios,
y sabiendo que no hay más vida
que la que siento siendo contigo.
Publicado por oliver sotos gonzález en 00:58 0 comentarios
Etiquetas: poesía
